La república de Paraguay ubicada en la parte
central de Sudamérica, limita al norte y noroeste con Bolivia, al este con
Brasil y al sur y suroeste con Argentina. La superficie del país es de
406.750 km2. La ciudad de Asunción es su capital.
El Paraguay es un país
mediterráneo, es decir, carece de litoral marítimo, pero está cruzado en
toda su extensión por numerosos ríos y arroyos. Su red hidrográfica
pertenece a la Cuenca del Plata. Los ríos principales son: Paraguay y
Paraná, con sus numerosos afluentes mediante estos ríos el Paraguay ha
acelerado su marcha hacia adelante en lo político, económico y social, y
posee un sistema ventajoso para sus comunicaciones con el extranjero y el
aprovechamiento de un futuro industrial.
El río Paraguay divide al país en dos regiones bien
diferenciadas: el Gran Chaco o Región Occidental en el oeste y la Selva o
Región Oriental en el este. El Gran Chaco forma parte ,excepto en el extremo
occidental, de una llanura aluvial que se extiende desde Paraguay hacia
Bolivia en dirección oeste, hacia Argentina en dirección sur y hacia Brasil
en dirección este. Esta zona está ocupada por llanuras cubiertas de
pastizales, pantanos y matorrales. La Selva está formada principalmente por
la porción sur de la meseta del Paraná, elevación de 305 a 610 m de altitud
que constituye una cuenca donde se originan numerosos afluentes de los ríos
Paraguay y Paraná. Al oeste, la planicie cae de manera precipitada hacia una
región de colinas cubiertas de fértiles pastos que concluye en el río
Paraguay.
El territorio paraguayo se estructura en tres
regiones: las ya citadas del Chaco y la Selva, y la que denominan Campo, que
se extiende por el sector más deprimido del valle del Paraguay y el tramo
final de los cursos fluviales que en él desaguan, esto es, el área central y
meridional del país. Esta región se caracteriza por la presencia de un gran
manto de depósitos fluviales sobre el que se desarrollan suelos pantanosos,
idóneos para el desarrollo de herbáceas tropicales y sapánas, y en los que
se hallan las principales tierras de cultivo, y los principales núcleos
urbanos del país y las mayores densidades de población.
Este país cuenta con una de las poblaciones más homogéneas de
Sudamérica: casi un 95% es mestiza, descendiente de la mezcla de español e
indígena guaraní. Los grupos minoritarios están formados por descendientes
de españoles, por pequeños grupos indígenas dispersos en la región del Gran
Chaco, como el guaicurú y ayoreo, o en zonas de la Región Oriental, como el
grupo aché, y por pequeñas colonias de inmigrantes procedentes de Japón,
Italia, Portugal, Canadá y otros países.
Más de la mitad de la
población vive en áreas rurales. Paraguay tiene una población de 4.960.000
habitantes. La densidad de población estimada es sólo de 12 habitantes por
km2, una de las más bajas de América del Sur. Casi un 95% de los paraguayos
reside en la Región Oriental, mientras que la inmensa región del Gran Chaco
está prácticamente despoblada. La esperanza de vida es de 67 años para los
hombres y 72 para las mujeres.
La economía del país se basa principalmente en la
agricultura, pero en la década de 1970 el sector industrial creció de forma
significativa.
Hablando acerca de la historia de este país , te cuento que
los aborígenes pertenecían a varias tribus que compartían una cultura y una
lengua común, la guaraní. Su población era muy numerosa cuando el navegante
portugués Aleixo García, que formaba parte de la expedición de Juan Díaz de
Solís, al buscar un paso hacia los Andes descubrió el país y lo cruzó con un
grupo de indígenas. A su regreso exploró la región de la actual Asunción,
lugar donde los indígenas paiaguás lo mataron, alrededor de 1525. Algunos
años después, el navegante italiano Sebastiano Caboto, entonces al servicio
de España, exploró parcialmente los ríos del país y descubrió los cursos del
Paraguay.
En 1537 el conquistador español Domingo Martínez de Irala
ordenó la fundación de un fuerte en el río Paraguay, al que denominó Casa
Fuerte de Nuestra Señora de Santa María de la Asunción. En 1541 Asunción fue
elevada a la categoría de ciudad. El Paraguay colonial y el territorio de la
actual Argentina fueron gobernados conjuntamente hasta 1617, cuando se
convirtieron en dependencias distintas del virreinato del Perú. A finales
del siglo XVI los jesuitas comenzaron a organizar las primeras misiones
jesuíticas llamadas reducciones, que eran concentraciones de indígenas para
facilitar la evangelización, donde se desarrollaba una vida comunitaria muy
similar a la que llevaban en sus respectivas comunidades. Gozando de una
casi completa autonomía respecto a las autoridades civiles y religiosas
locales, los jesuitas se convirtieron, a través de las misiones, en el poder
más sólido de la época colonial. Sin embargo, la competencia de las
reducciones en la venta de los productos agrícolas disgustó a los colonos y
los predispuso a favor del movimiento de los comuneros, quienes se
enfrentaron a las fuerzas reales, protagonizando una de las primeras luchas
por la independencia del Paraguay. En 1750 el rey Fernando VI de España, por
medio del Tratado de Madrid, cedió el territorio paraguayo a Portugal,
provocando que los jesuitas incitaran una rebelión guaraní en contra de la
transferencia. En 1767, por orden de Carlos III, fueron expulsados todos los
jesuitas de la América española; poco tiempo después, las reducciones, que
pasaron a ser dirigidas por grupos seculares, se desintegraron.
En 1776 España creó el virreinato del Río de la Plata,
formado por los actuales territorios de Argentina, Paraguay, Uruguay y
Bolivia. Paraguay se convirtió en una dependencia fronteriza poco importante
para Buenos Aires, la capital del virreinato, y fue decayendo gradualmente
hasta considerarse relativamente insignificante a principios del siglo XIX.
En 1810 Argentina proclamó su independencia de España, pero
Paraguay se negó a unirse y proclamó su propia independencia el 14 de mayo
de 1811
Paraguay estuvo ocupado por tropas brasileñas hasta 1876 y
los tratados de paz impusieron fuertes indemnizaciones al país. En 1878 el
presidente de Estados Unidos, Rutherford Birchard Hayes, sirvió como árbitro
de la delimitación de la frontera entre Argentina y Paraguay.
La historia de Paraguay después de la guerra se caracterizó
por el enorme esfuerzo para llevar a cabo la reconstrucción del país. El
gobierno fomentó la inmigración y estableció programas para subvencionar las
colonias agrícolas. Sin embargo, los efectos desestabilizadores de la guerra
permanecieron durante varias décadas, siendo más agudos entre 1870 y 1912,
ya que durante esos años ningún presidente fue capaz de completar su
mandato. Posteriormente, las etapas de estabilidad política se alternaron
con periodos de crisis y rebelión social. Los hechos más sobresalientes de
finales del siglo XIX fueron la presidencia del general Bernardino Caballero
(1880-1886) y la creación de los dos grandes partidos políticos: el
Republicano o Colorado (1880) y el Democrático (1887), base del Partido
Liberal.
Entre 1929 y 1932, la frontera con Bolivia en el Gran Chaco,
que nunca había sido formalmente trazada, fue el escenario de numerosos
incidentes hasta que la invasión de ese país provocó el estallido formal de
la guerra del Chaco en 1932. Tres años después se alcanzó un armisticio y en
1938 fue firmado el tratado final, realizado por una comisión de arbitraje,
mediante el cual le fueron concedidas a Paraguay casi tres cuartas partes
del área en disputa.
Después de la guerra, el gobierno se reorganizó para llevar a
cabo una serie de reformas económicas y sociales. Por medio de la nueva
Constitución adoptada en 1940 por el presidente José Félix Estigarribia, se
otorgó al Estado el poder para regular las actividades económicas y se
procedió a establecer un férreo centralismo. Paraguay declaró la guerra a
Alemania y Japón el 7 de febrero de 1945 bajo la presidencia de Higinio
Morínigo. Posteriormente el país se convirtió en uno de los miembros
fundadores de la Organización de las Naciones Unidas.
Paraguay puede parecer un país exótico para los visitantes
extranjeros debido a su singular mezcla racial y cultural, pero a los
paraguayos les encanta conocer y hablar con los extranjeros. Una invitación
a tomar mate, a menudo en forma de tereré helado, puede ser una buena
introducción.
La capacidad para hablar alemán puede disolver las barreras en las
comunidades mennonitas culturalmente insulares, pero es más difícil conocer
a los pueblos indígenas de la región y muy poco diplomático tratar de
entablar relaciones demasiado rápidas entre los dos. Muchos indinos del
Chaco hablan alemán como segunda lengua en lugar de español.
Los paraguayos, en general son aficionados al deporte; el equipo de fútbol
más popular, el Olimpia, ha vencido a los mejores equipos argentinos. El
tenis y el baloncesto son populares deportes de espectadores.
La educación es obligatoria hasta la edad de 12 años. El
alfabetismo es del 81%, más bajo que en Argentina o Uruguay, pero superior
al de todos los países andinos, excepto Ecuador. La educación superior es
impartida por la Universidad Nacional y la Universidad Católica, ambas en
Asunción.
La principal figura literaria de Paraguay es el
poeta-novelista Augusto Roa Bastos, ganador del Premio Cervantes de 1990. A
pesar de los muchos años pasados en el exilio, Roa Bastos se ha centrado en
los temas y la historia paraguayas en el contexto de la política y la
dictadura.
El teatro es popular, con ofertas ocasionales en guaraní así como en
español. Numerosas galerías de arte resaltan las obras modernas, a veces muy
poco convencionales. En Asunción hay locales donde se interpreta tanto la
música clásica como la popular. El instrumento musical por excelencia del
Paraguay es el Arpa