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Se inició en los años 20, pero hasta 1931 no se trasladó a La Habana, donde fue labrándose paulatinamente una gran reputación como compositor y vocalista. A Rapindey se le reconoce como una de las mejores segundas voces -¿la primera?- del son cubano tradicional, donde la interpretación vocal en armonía era obligada. Su permanencia histórica en segundo plano no puede obviar su participación en grupos como el Septeto Nacional , el "Septeto Habanero" y "El Cuarteto Hatuey", junto a Evelio Machín, Compay Segundo y Lorenzo Hierrezuelo, y sus colaboraciones sobre un escenario, o prestándoles sus canciones, a Benny Moré, Machito, Dizzy Gilliespie, Tito Puente y el percusionista Chano Pozo. Rapindey abandonó Cuba en 1944 para dirigirse a New York, y nunca más volvió. Tras abandonar la música en los 60 y alistarse en la marina, regresó a mediados de los 70 para prestar su apoyo a un joven, Rubén Blades, y asentarse definitivamente en El Campello (Alicante). Desde este plácido retiro, el autor del reconocido "Me voy pa'l pueblo" ha participado este año en un disco de homenaje editado por "Nube Negra" en el que representantes de las viejas y nuevas generaciones de Cuba -de Reinaldo Cregh a Reinaldo Hierrezuelo, pasando por Gema y Pavel, Jacqueline Castellanos, Compay y Omara Portuondo- interpretan algunos de sus clásicos como la guaracha "Pare cochero", la rítmica guajira "¡Qué música más linda!" y el apasionado bolero "Fuiste cruel". Rico y sabrosón son el de este corpulento cubano. En el homenaje le cantan: "cuando Rapindey escribió, la música cubana se vistió de primavera". Y no mienten. (Revista Bilbao Tropikal 96)
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