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Rubén Blades está a punto de sacar al
mercado su más reciente disco, Mundo. Lo presentará en concierto en
San Juan, Puerto Rico, el domingo 17 de marzo, el Día Nacional de la Salsa.
Los organizadores del evento de este año lo han dedicado a homenajear al
panameño por su trayectoria musical. “Mis nuevas canciones tienen que ver
con nuestras realidades políticas y sociales. En cierta forma va a ser bien
interesante para mi ver cuál será la reacción porque Tiempos fue un álbum
de vanguardia y éste es más de avanzada, aunque a la misma vez tiene una
dinámica diferente y enérgica”.
¡Te quieren, Rubén!
Este año, al mismo tiempo que Rubén Blades recibía el Premio Grammy por
su disco Tiempos, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo designaba
Embajador Internacional Contra el Racismo. Mientras tanto, terminaba la
preproducción de la primera película que hará la compañía productora de
cine que ha creado.
Así como una vez logró organizar un partido y aspirar a la presidencia de
Panamá, mientras actuaba, cantaba, componía y viajaba, ahora, en su misión
contra el racismo, ofrece conferencias en las universidades de las ciudades
donde canta en sus giras.
Y si se ha destacado como innovador de la música tropical, puede que con
Tiempos aspire a desafiar la propia salsa que lo dio a conocer. Diríamos que
este disco pudiera ser el sonido postsalsa de Rubén Blades.
Sus reflexiones sobre la vida y la sociedad están en las letras, como
siempre, de manera poética y pensada. Pero la música tiene matices
sorprendentes que lo alejan de sus otros trabajos. Al ritmo caribeño se une
lo clásico y el folclore centro y suramericano. Hay piano, violín y
guitarra, pero también bombo, maraca y acordeón.
``Este trabajo implica una posible avenida para expresar música que no
tenga que ver con las formas que tienen más importancia en el medio
comercial, que es la salsa o los bailables'', explica Blades.
``Básicamente, quiero derrotar la noción de que la música puede
solamente proyectarse en términos afrocubanos o afrocaribeños'', dijo. ``La
noción de que como artista para tener oportunidad de trabajo debes hacer esa
música''.
La intervención del trío costarricense Editus, que acompaña en el disco
al grupo experimental de jazz de Blades, ha sido vital para lograr este
sonido, y el músico no se cansa de ensalzar a estos jóvenes intérpretes y
arreglistas que califica de excepcionales: Ricardo Ramírez (violín y piano),
Edin Solis (guitarra y piano) y Carlos Tapado Vargas (percusión y piano).
El disco no es comercial, pero eso no es nuevo en Blades. Lo que sucede es
que siempre a la larga sus trabajos no sólo gustan, sino que quedan como
ejemplo.
``Cuando hago algo lo hago a largo plazo. Yo tengo las luces largas siempre
puestas'', apunta Blades. ``Si este disco no vende ahora, vamos a ver dentro
de 10 años quién sigue vendiendo y quién no. Tiempos va a durar siempre.
Celia Cruz y Tito Puente presentaron una posición, y quedan porque fueron
originales, sinceros y dieron calidad. El resto va desapareciendo poco a
poco''.
Aunque se sabe diferente y se expresa contra el mercantilismo musical, el
creador de Pedro Navaja encuentra méritos en los nuevos cantantes que muchos
consideran fabricados.
``Uno tiene que agradecer que la participación de estos nuevos cantantes
ha traído sangre nueva a la música en español'', dijo. ``Independientemente
de la opinión que se tenga sobre estos cantantes, han atraído al público
joven. Yo no voy a quitarles el derecho de hacer lo suyo''.
En 1997, su disco La rosa de los vientos ganó el Grammy en la categoría
tropical latino; Tiempos, su cuarto Grammy, acaba de ganar en pop latino,
compitiendo con Luis Miguel, Juan Luis Guerra, Jaci Velázquez y el grupo Maná.
Blades se rebela contra las categorías de la premiación y en su razonamiento
muestra una mentalidad objetiva y justiciera.
``La inclusión en pop me hace competir con gente que considero ganadores
en sus líneas. Ninguno de ellos perdería en su categoría. Entendido eso, no
siento que le he ganado a nadie. Me agrada recibir reconocimiento, no compito
para perder; y me gusta que ese premio ayude a la expansión de horizontes en
la música popular. Pero a la misma vez no me gusta que se me presente como si
estuviera ganándole a esta gente. Ellos, porque no ganaron el premio,
perdieron. Eso me incomoda. En el fondo me parece que los premios encierran
siempre injusticia''.
Con la misma pasión con que trata la música o la justicia social, Blades
hace una afirmación que define su actual meta: regresar a vivir en su país
muy pronto.
Ya ha sentado las bases para hacerlo, empezando por la creación de su
compañía cinematográfica que hará cine con letreros en otros idiomas, y el
inicio de su primera producción con una red de distribución ayudada por la
Internet.
``Cuando regrese a Panamá entraré en otra etapa de mi vida'', dice.
``Tendré un solo sitio para ser efectivo en distintas áreas. La inquietud
nunca la voy a dejar, pero es absolutamente necesario que pueda hacerlo todo
desde Panamá''.
Ruben, salsa densa y de contenidos Nacido
en Panamá en 1948, en una familia de músicos no profesionales, Rubén Blades
se lanza como cantante a la edad de 18 años, antes de realizar su primer disco
dos años más tarde, en 1968. El encuentro en 1975 con Willie
Colón, otro rebelde, menos intelectual pero directamente confrontado a la
dura ley del ghetto, será determinante para Rubén Blades, después de su rápido
pasaje en
giro político- se
vio
obligada de seguir, a partir del hecho que Rubén y Willie se
habían
vuelto
estrellas... Mantiene su interés por el mundo del celuloide y dirige su primera película, la cual, pese a la actuación de Joe Jackson y Linda Ronnstadt, ambos como protagonistas, no tiene el éxito esperado, aunque si las canciones que compuso para la banda sonora, alguna de ellas inspirada en historias cortas de Gabriel García Márquez. Decide iniciar su carrera en solitario
y en su primer álbum, que graba íntegramente en inglés, cuenta con la
colaboración de solistas como Elvis Costello, Lou Reed y Sting, con este
primero escribe además algunas de las letras, el disco triunfa. Posteriormente,
transformará su grupo en Son del Solar, para acompañar el regreso de los
metales, en 1988, con Antecedente.
DIEGO A MANRIQUE (El País)"Rubén Blades hace lo mismo que yo: cuentos cortos cantados historias sobre la gente que conocemos. Sólo que él lo hace con su música y yo con la mía. Pero cuando colaboramos, vimos que teníamos una base musical común'. (Lou Reed) El árbol genealógico de Rubén Blades parece extraído de las páginas de García Márquez. Su abuelo paterno era antillano de la isla de Santa Lucía, Rubén nace en la capital de Panamá el 16 de Julio de 1948. Está inmerso en la cultura estadounidense hasta que ve como las fuerzas de la Zona del Canal reprimen a tiros una manifestación nacionalista. Un espectáculo sangriento (21 muertos y 500 heridos) que le hace reflexionar sobre su país, creado por Washington para controlar una vía esencial para el comercio mundial. Todavía es un estudiante cuando empieza a pisar los escenarios. Sus canciones llaman la atención de Pete Rodríguez, que le presenta en el disco De Panamá a Nueva York (1970). No vende demasiado y Rubén vuelve a Panamá, donde termina Derecho y entra a trabajar en el banco nacional. La política panameña vuelve a jugar con su vida. Su familia se exilia en Miami, el padre es sospechoso de complicidad con un grupo acusado de intentar asesinar al general Torrijos. Rubén termina en Nueva York, donde llama a la puerta de Fania, la discográfica que domina el mercado de la salsa. Le dan trabajo... en el departamento de envíos, pegando sellos. Aunque Rubén no congenia con la dirección de Fania, se gana el respeto de muchos músicos neoyorquinos. Graban sus temas Ismael Miranda, Tito Puente, Héctor Lavoe. Y Ray Barretto le ficha como cantante en 1975: el ahogado panameño es un excelente sonero, que domina los palos caribeños y se defiende en variedades del pop. Larry Harlow también le utiliza en su disco La raza latina. Y se integra en Fania All Stars. La relación con Willie Colón es decisiva. Colón es un puertorriqueño del Bronx, tan ecléctico y rebelde como Rubén. Ya han grabado juntos en The good, the bad and the ugly (1975) y forman tándem en Metiendo mano (1977) y Siembra (1978). Discos que cambian las reglas de la salsa: canciones de contenido social, música cosmopolita. En Siembra brilla Pedro Navaja. Rubén traslada a Mackie, el personaje de Weill y Brecht, a un barrio latino de Nueva York. Con precisión
cinematográfica, crea el ambiente con sirenas policiales, entran víctima y
verdugo, llega el choque... y se riza el rizo con un desenlace inesperado; aparece
luego el borracho, el cantor extrae moralejas e ironiza sobre el sueño
americano. Pedro Navaja se hace inmortal: el autor le resucita en los años
ochenta. El "guapo" de gafas oscuras inspira libros, películas. La canción
tiene abundantes versiones. Colón y Blades lanzan en 1980 el doble elepé Maestra
vida. Siguen Canciones del solar de los aburridos (1981) y
The a last_fight,
banda sonora de una película de 1982 donde aparecen. Vidas paralelas:
ambos harán cine y televisión, los dos
entraran en política. Tienen problemas por expresar opiniones heterodoxas
en el universo conservador de la música latina. Ambos rompen con Fania: la
libertad creativa ha sido conquistada tras demasiadas peleas. Saltan a
compañías estadounidenses donde graban también en inglés. Rubén con
Elektra (aunque Fania edita discos suyos con temas inéditos) y se pone al
frente de Los Seis del Solar. La carrera de Rubén se diversifica. Tras
protagonizar Crossover dreams, se introduce en Hollywood y se convierte
en un apreciado secundario. Su filmografía
se acerca ya a los 30 títulos. En el 2000 recibe el Gramy por su último trabajo discográfico |