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BIOGRAFIAS

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Cuando
Willie Colón disuelve su orquesta en 1973, su cantante pasa a ser el líder de la
orquesta y así Lavoe edita en 1974 su álbum «La Voz» donde se incluye su
primer éxito, una Guaracha titulada «El Todopoderoso». La presencia del sabor
a barrio en la música de Lavoe estuvo siempre más presente que en la de
Miranda, su toque marginal y callejero le hizo mantenerse siempre entre los
intérpretes preferidos por el pueblo. En el 76 publica «De ti depende» con el
clásico «Periódico de ayer». Para 1977 era ya considerado por el público
como el mejor cantante de Salsa de Nueva York ya que Ismael Rivera y Cheo
Feliciano desde Puerto Rico tenían sus propios estilos personales, anteriores
al desarrollo de la Salsa y Oscar de León y Rubén Blades aún no hablan
conseguido su total estrellato.
En plena fama Héctor
Pérez «Lavoe» se dejó arrastrar a una vida desordenada llegando tarde a
las actuaciones y perdiendo sus cualidades de vocalista, al parecer su afición
a la droga, desmentida posteriormente por el magnífico intérprete, estuvo a
punto de truncar su carrera. Una retirada temporal le trajo a realizar un
tratamiento psiquiátrico a una clínica de Madrid, otros hablaban de brujería,
realizándose mil especulaciones sobre su mal estado de salud. Por fin en
1978 volvió por sus fueros publicando una obra maestra titulada «Comedia» con
temas como «El Cantante» de Rubén Blades, «La Verdad», «Comedia», etc.
Tras Lavoe siempre
estuvieron los arreglos de Willie Colón. Lo cierto es que Héctor Lavoe
encarnó la Salsa de la década de los 70 como un fiel reflejo de la misma con
sus vicios y virtudes, sus fortunas y sus tristezas.(Antonio Mora Ayora en
"De Orilla a Orilla" - 1992)

Cuando
Héctor Lavoe
llegó a Nueva York
By: Medardo Arias
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Un 3 de mayo de 1963, huyendo de la que
él consideraba "una familia muy loca", llegó a Nueva York Héctor
Lavoe, con el propósito fijo de "ganarse la vida cantando", meta que
logró con los tintes pasionales de su vida, descrita por Willie Colón, como la
de un "héroe de la Guerra del Cuchifrito..."
Desde el instante en que arribó a casa de su hermana Priscilla, en el Harlem
Hispano, tenía el propósito de ser escuchado en una orquesta. Contaba apenas
17 años, 60 kilos de peso y el perfil que lo hiciera famoso más tarde, cuando
fue descrito como el "hombre que cuando está de frente, parece que
estuviera de lado".
Lavoe consideraba, no obstante, que el momento justo de su
"despegue" musical, lejos de la bohemia de los "ventetú"
(orquestas en las que tocan músicos llamados al azar) del Sur del Bronx, se había
dado casi cuatro años después de su primera experiencia neoyorquina, cuando,
en febrero de 1967, fue invitado a cantar en el Club Tropicoro.
"Un cantante, cuyo nombre no recuerdo, empezó a desafinar en el ensayo,
cantando el bolero "Tus ojos", y ése momento me dio la oportunidad
real de empezar en grande..."
Oriundo del sector de La Cantera, en la ciudad puertorriqueña de Ponce,
advirtió desde niño un futuro en la música. Escuchaba en la radio el programa
Industrias Nativas, en el cual se exaltaba el canto jíbaro tradicional,
en voces como las de Ramito y Chuíto, el de Bayamón. Fueron ellos sus primeros
maestros, a quienes imitaba en la calle, entre dos tarros y una maraca, o
siguiendo con precisión el tono nasal de Daniel Santos.
Su familia respiraba música. Pachita, su madre, cantaba en los entierros y
en las fiestas patronales, y su padre, Luis Pérez, gozaba de fama como
guitarrista. La inspiración venía desde su abuelo Juan Martínez, quien
acostumbraba a trenzarse en disputas de verso libre con otros trovadores,
controversias a menudo ofensivas, por las que terminaba envuelto en riñas.
Acumuló en su carrera varias nombradías, tales como "El cantante de
los cantantes", "El rey de la puntualidad" --ironía por sus
frecuentes tardanzas para llegar al concierto-- y "El jibarito de
Ponce". Las tres le merecieron fama universal.
En el seis chorreao y con Willie Colón
La década de los 70 marcó para Héctor Lavoe, no obstante, el ascenso
vertiginoso de su carrera. El trombonista puertorriqueño Willie Colón lo llamó
a hacer parte de su banda, y en un proceso experimental de retorno a las raíces
de la música puertorriqueña, al ritmo de Seis y Aguinaldos, Héctor Lavoe
encontró lugar seguro en la picardía y el gozo de canciones hechas a la medida
de su temperamento. La melodía "Ausencia" y la titulada "Cheche
Colé", le dieron renombre en los festivales de verano en Europa.
El cantante que otro día había querido ser saxofonista en la Escuela Juan
Morell Campos, junto a José Febles y Pappo Lucca, tenía, al inicio de los
80, una bien ganada fama, estimulada al máximo por su trabajo con la Fania
All Stars, agrupación con la que visitó Africa y participó en la película
Our Latin Thing ("Nuestra Cosa Latina").
Izzy Zanabria, mentor de esta unión de grandes músicos caribeños en Nueva
York, puede recordar toda la trayectoria de Lavoe, desde el instante en que
trabajó, también, con Johnny Pacheco, antes de su debut en la orquesta de Colón.
Héctor Lavoe proclamó el orgullo de ser campesino de su país, y sumó a
las modernas composiciones de salsa, los fraseos de las áreas rurales de Puerto
Rico, los dichos y refranes de "jíbaros de casta" y el "lelolay"
alegre y lastimero que acompaña esta tradición. Así, en el Shea Stadium,
en el desaparecido Village Gate, en el Cheetah o el Coliseo Roberto
Clemente de San Juan, Lavoe fue anunciado como "El jibarito de
Ponce".
De "Juana Peña" al "Juanito Alimaña"
"Ella vivía llorando por ese amor que nunca llegó/ Ay, Juana Peña/
ahora me llora/ Ahora me llora/ no la quiero yo..." Y el coro repetía:
"Juana Peña ahora me llora", a las improvisaciones magistrales de
Lavoe en el escenario, pues él era básicamente un sonero, admirador de Ismael
Rivera y Cheo Feliciano.
En el otoño de 1983 estrenó una canción que fue considerada un hit: "Juanito
Alimaña", escrita por su amigo Tite Curet Alonso. La composición fue
recibida como una clara continuación de la salsa dedicada al género de
malandros, de la estirpe del "Pedro Navaja" de Rubén Blades.
En los siete años que duró en la banda de Willie Colón, grabó éxitos
memorables, compilados en diez elepés : "Piraña", "Calle luna,
Calle Sol", "La Murga", "Día de suerte", son sólo
algunos de los ecos de ése tiempo iluminado que culminó en 1973.
Más, en el registro de "lo que cantó Lavoe", están también
"Hacha y machete", "Paraíso de dulzura", "De tí
depende", "Mi gente", "Periódico de ayer", "Un
amor de la calle", "Comedia", "Plazos traicioneros",
"Rompe saragüey", "Triste y vacía", "Vamos a reír un
poco", "Sóngoro Cosongo", éste último, homenaje a la poesía
de Nicolás Guillén.
El 25 de junio de 1988, después de un fallido concierto en el coliseo Rubén
Rodríguez de Bayamón, Héctor Lavoe regresó a su habitación del hotel Regency
de San Juan y se lanzó al vacío desde el octavo piso. Desde entonces, su vida
ya no fue la misma.
El 29 de junio de 1993, cinco años después de aquel intento de suicidio,
falleció en Nueva York. Quien había sido bautizado en Ponce como Héctor Pérez,
un 30 de septiembre de 1946, moría joven y famoso, aunque lejos del estruendo
de la vida pasional que lo cobijó durante más de veinte años.
Recientemente, el teatro puertorriqueño de Nueva York, dió a conocer una
obra de teatro en su honor, titulada "¿Quién mató a Héctor Lavoe?",
con el cantante Domingo Quiñones como protagonista. Lavoe será siempre una de
las glorias de Puerto Rico; una de las avenidas del nuevo muelle de Ponce, fue
bautizada con su nombre
http://orbita.starmedia.com/~elcantantedeloscantantes/
La
vida de Héctor Lavoe, cantante al timbre rico y
delicado, se parece a una novela negra .
Niñez marcada por la defunción de su madre y la muerte de su hermano mayor por
drogadicción, más tarde deriva hacia la droga, muerte por accidente de su hijo,
tentativa de suicidio por defenestración, sin hablar de su suegra asesinada y
del incendio de su casa, ...hasta su muerte en 1993 a los
47 años.
La vida musical de este cantante particular con destino trágico que nació en
1946 está vinculada a la de Willie
Colón, con quién formo un tándem inigualable desde 1966 hasta 1973.
Los discos des los años 60 serán solitarios, y la carrera del tenor
al estilo callejero va a conocer eclipses debidas a su dependencia a la
droga.
Pero este cantante mayor de la compañía Fania,
personaje frágil y cariñoso, estará siempre ayudado por su amigo de siempre Willie
Colón, quién se va a ocupar de la producción de sus discos.
Cuando murió, Willie
Colón le hizo un homenaje emocionante durante el concierto que dio en
Sevilla. (Hot Salsa)
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Peña Landeo amark@mixmail.com ; a19962162@pucp.edu.pe
con la desinteresada e invalorable ayuda del hincha N° 2 de Hector Lavoe: Marco
Lazo (Primero fui yo que tú, primero fui yo que tú ...!)
Semblanza
de Lavoe
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SEMBLANZA
de HECTOR LAVOE |
| El
Hombre, El Artista Y Su Vida |
Por:
"Mr. Salsa" Izzy Sanabria • (C) Copyright 1992
En una cultura tan diversa como la nuestra, es natural que surjan
una variedad de genuinos héroes populares, y dada la importancia
de los latinos en el panorama mundial de la música, no es
sorpresa alguna que muchos de nuestros héroes estén asociados
con la música. Un ejemplo perfecto de un héroe latino en la música,
es nada menos que el hijo favorito de Ponce, Héctor Lavoe.
Mundialmente conocido como “El Cantante,” en el campo de la música
muchos le denominan “El Bad Boy (nene malo) de la Salsa”, pero
todos lo reconocen como el Legendario Héctor Lavoe. Sin duda
alguna, él es uno de las super-estrellas más populares de la
Salsa. Muchos, incluyendo Jerry Masucci (presidente de Fania), lo
consideran el más notable cantante puertorriqueño de nuestros
tiempos. Esto no sorprende, puesto que desde los seis años en
adelante, pasó la mayoría de su primeros años de juventud
escuchando la radio y estudiando las voces de cantantes como
Chuito el de Bayamón, Odilio Gonzalez y Daniel Santos.
Lavoe comenzó a cantar imitando a estos cantantes puertorriqueños.
Su personificación favorita y la más famosa era la de Daniel
Santos. Tan buena era, que con frecuencia la hacía en el
escenario sólo para ver a la gente volverse loca buscando a
Daniel. Estos cantantes y más tarde Cheo Feliciano, Ismael Rivera
e Ismael Quintana fueron las mayores influencias que ayudaron a
forjar su carrera y estilo de cantante.
En una tierra donde hay casi tantos cantantes como gente, el
estilo único de Lavoe es una sorprendente excepción
(especialmente siendo de Ponce, conocida como la ciudad de los
cantantes). En la época pre-Lavoe los cantantes puertorriqueños
podían considerarse divididos en pequeños sub-grupos musicales
bien definidos. Teníamos muy conservadores estilistas jíbaros
como Ramito, Chuito, y Odilio Gonzalez, los románticos como
Felipe Rodriguez, y salseros como Cheo Feliciano e Ismael Rivera.
Surge entonces Héctor Lavoe y estos grupitos tan definidos se
derrumban de manera desordenada. ¿Exactamente cómo se puede
clasificar un cantante cuyo repertorio incluye de todo, desde
salsa y merengues hasta rancheras, baladas y música jíbara pura
puertorriqueña? Para todavía más desestabilizar por completo el
ámbito musical del momento, la popularidad sin precedentes de
Lavoe atraviesa todas las barreras de nacionalidad, edad y nivel
económico, habiendo convertido el nombre de Lavoe en promotores.
Aunque seguros de que atraería a un numeroso público, también
temía una palabra más que familiar en buena parte de la América
Latina.
Un aspecto único y diferente del talento de Lavoe (y por el cual
se le reconoce más) es el tono puramente cristalino de su voz.
Ese tono, junto con su distintiva y precisa pronunciación,
permite que cuando canta, quienquiera que lo escuche entienda
perfectamente cada una de las palabras en la letra de la canción.
Otro talento único es su increíble don de improvisación. Aunque
no conocido como compositor, su espóntanea e ingeniosa
creatividad le añaden profundidad a cualquiera canción que
interpreta. Hector es mejor cuando sus improvisaciones estan
compitiendo con las de los soneros más famosos y aclamados. En
muchas ocasiones he visto a Lavoe sobrepasar a esos soneros en
canto y actuación, completamente dejando atrás a los mejores de
ellos. Yo podría describir a Lavoe como un poeta musical instantáneo.
Ciertamente el es, sino el mejor, uno de los mejores soneros que
he tenido el placer de escuchar.
Aunque Lavoe sabe como entretener y manejar una audiencia, está
lejos de ser un artista sofisticado. Ha llegado a la máxima cima
puramente por el poder de sus talentos. El no deslumbra ni con
lujosa coreografía, ni con efectos especiales. Hector es
simplemente “El Cantante.”
Si bien sus problemás relacionados con el uso de drogas han empañado
su imagen, el verdadero Hector Lavoe es una persona mucho más
profunda que la propaganda que se le dá, o las imágenes
negativas que lo rodean parecen implicar. A pesar de todas las
alabanzas y su categoría de super- estrella, nunca ha exhibido
esos excesivos aires de arrogancia que muchos artistas de mucho
menos talento (o popularidad) parecen adoptar. Ya sea que esté
actuando, o conversando de tú a tú con uno, Lavoe siempre ha
sido una persona normal y sencilla. (Irónicamente, estas mismas
virtudes han sido factores contribuyentes en sus inseguridades y
problemas; lo cierto es que nunca se ha dado a sí mismo demasiada
importancia).
La personalidad de Lavoe está salpicada de un toque de orgullo,
humildad, y habilidad humorística para reírse de sí mismo. En
pocas palabras, posee todo lo que es admirable en el jíbaro
puertorriqueño. Como dice él, “Yo soy un jibarito.”
Lavoe ha retenido el encanto inocente y los modales corteses de la
gente de la isla. A pesar de todos estos años en Nueva York, no
intercala en su vocabulario los “bro” y “yo”
(supuestamente lenguaje moderno) que usan muchos latinos. Por el
contrario, su estilo es modesto y sin pretensiones.
Como cualquiera otra persona, Lavoe tiene sus inseguridades y
defectos. Desafortunamente, parecen estar en proporción con su
grandeza. Héctor ha vivido toda su vida tirado en diferentes
direcciones por fuerzas de igual poder. Una fuerza le ha dado el
estímulo para perseguir y lograr el éxito. La otra le ha
producido su conducta negativa y autodestructiva (probablemente
una consecuencia de su origen humilde combinado con una serie de
tragedias personales que ha sufrido durante su vida).
Aunque sus defectos le han costado tremendamente tanto en su vida
personal como en su carrera, no han causado que disminuya la
popularidad de Lavoe entre sus aficionados. Dondequiera que
anuncian su presentación, la gente acude en masa a verlo. Sin
embargo, la reputación que adquirió por sus tardanzas y por no
poder depender de él, realmente asustó a algunos que no se
presentara. De hecho, hubo un período en su carrera, cuando Lavoe
dependía completamente de otros para que se encargaran de casi
todos los aspectos de su vida. Eran ellos quienes lo llevaban a la
cama. lo despertaban, lo vestían y literalmente lo arrastraban al
trabajo.
Pero Héctor siempre ha sido un hombre de sorpresas. Por ejemplo
en l980, lo contraté para dos actuaciones en clubes. Para la
primera llegó una hora tarde y simplemente dijo, “A la gente le
gusta cuando llego tarde. Lo esperan de mí.” Pero un mes más
tarde llegó temprano: 45 minutos antes que llegaran sus músicos.
En otra ocasión, hizo una aparición sorpresa en la fiesta del séptimo
aniversario de nuestra revista Latin N.Y. Para el deleite de la
concurrencia, se unió a Yomo Toro en el escenario y se apoderó
del espectáculo. Pasó de fantásticas improvisaciones de canto jíbaro
a boleros y salsa movida. Se me acercó entonces y con una expresión
pícara y astuta me dijo: “Ni siquiera me llamaste. Seguramente
pensaste que no aparecería. Te prometí que venía a estar
contigo y con Yomo, y aquí estoy. Cumplí mi palabra.”
Irónicamente, son los mismos defectos de Lavoe los que le han
granjeado el cariño de sus fanáticos. Los hombres desean tener
su voz y la adoración de tantas mujeres. Es literalmente su héroe
y lo animan a seguir para adelante. Las mujeres desean acariciarlo
y cuidar de todas sus necesidades. Aquellas que han sostenido
relaciones personales con él, han todas sentido que iban a
significar una diferencia en la vida de él. Y ésto no aplica sólo
a las mujeres, sino también a los agentes y administradores de su
carrera que veían en él un objeto de valor, un artista con un
gran potencial de hacer mucho dinero.
En el período de l975 a l983, nosotros en Latin N.Y.
entrevistamos a Héctor en muchas ocasiones. Sus francas y
sencillas respuestas, no sólo fueron divertidas sino
interesantes, proveyéndonos una visión para mejor poder entender
a este hombre simple y al mismo tiempo complejo.
Como colega artista y al mismo tiempo aficionado, he desarrollado
una afinidad muy especial por este hombre actualmente de buen
corazón y carácter. Un hombre de mucha alegría pero al mismo
tiempo atormentado y autodestructivo, y a quien yo he tenido el
honor de llamarlo, mi amigo.
Yo, como muchos de sus aficionados, siempre seguiré recordando y
amando a ese Cantante de los Cantantes, a ese Sonero de los
Soneros, a ese jibarito puertorriqueño, Hector Lavoe! |
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