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El más representativo de los ritmos
autóctonos colombianos recoge la herencia de África en la base rítmica, la
indígena en la melodía y en la danza, y la blanca en los vestidos y letras. De
origen negro, etimológicamente procede de "cumbé", un baile africano
de la Guinea Española. Su estructura musical es biétnica, con matices
rítmicas básicas. Se desarrolló a partir del siglo XVII y se interpreta con
una base percusiva -3 tambores-, gaitas y el acompañamiento de unas maracas. En
algunas regiones colombianas se emplea en su ejecución el acordeón como
instrumento metódico de Colombia. La base económica, productiva, de la región estuvo constituida a través del tiempo por la agricultura -maíz, café, algodón - y la ganadería. El clima tropical, extendido por sus llanuras y ríos, fue marco idóneo para la fusión de elementos aborígenes, españoles y africanos. La forma musical más trascendente de
la costa caribeña colombiana es, sin dudas, la cumbia. Derivada de
antiguas manifestaciones folklóricas de raíz afroide, como el lumbalú o
el bullarengue (el primero de signo ritual, el segundo de carácter
profano), y con ingredientes en su sonoridad y sus pasos danzarios de gestación
indoamericana, sin soslayar el influjo peninsular, constituye una expresión
tipificadora de la zona geográfica que va del cabo Tiburón, en la frontera
con Panamá, a la laguna de Cocinetas, junto a Venezuela. Un viejo canto de bullarengue
muestra ya la impronta del ritmo costeño: Si yo fuera tambó, mi negra, sonara sólo pa'ti, pa'ti maraca y
tambó, pa'ti, mi negra, pa'ti... Entre los factores antecedentes de la cumbia debe ser considerada la cumbiamba palenquera. |
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