Con el CD "La trova de siempre", el sello EGREM hace posible que
nos lleguemos en un santiamén por la Casa de la Trova en Santiago de Cuba
para disfrutar de una peña trovadoresca virtual con una selección
representativa de las figuras que se hicieron habituales en la historia de ese
foco y nudo cultural en el que se han enlazado desde siempre los antecedentes
más genuinos de nuestra música nacional.
La magia del disco nos permite saltar así por encima de las diferencias en
el tiempo de modo tal que asistimos a lo que pudo ser una tanda real en el
local de la trova, si bien cabe apuntar que la misma resulta una tanda de
lujo, no sólo por la representatividad de los concurrentes y de las obras con
que intervienen, sino también por la del momento en que fueron grabadas.
En efecto, aquí es posible percibir mucho de ese sonido todavía bastante
primigenio característico de esta manera de trovar, en una etapa en la que
los mecanismos comerciales y de los grandes espectáculos aún no imponían
sus patrones al manejo de un sonido que ya hoy desborda en la mayoría de los
casos la inspiración original en función de la cual llegaban dos, cuatro,
siete, no muchos más músicos, cada uno sonando su instrumento o cantando
para oyentes que podían sentir la vibración directa y la resonancia en la
caja de una guitarra o un tres y hasta la respiración del cantante cuando
toma aliento... en fin, la música hecha a mano.
También resulta una oportunidad única la de poder sentir el sabor ingenuo
y primigenio, más que centenario, del modo de hacer esta música, en manos de
verdaderas autoridades en lo que a su origen, cultivo y desarrollo se refiere,
desde el "discurso" de bienvenida de Eliades Ochoa, quien tiene una
reiterada participación en el disco, como si hubiera sido el anfitrión
honorario de esa peña virtual, junto al Cuarteto Patria, Compay Segundo o los
Trovadores Santiagueros; Félix Valera y la Trova Santiaguera, sedimento de
una rica veta que enlaza tradiciones fundidas en toda la región oriental; el
Dúo Hermanas Ferrín, o Chely Romero, para mencionar las voces femeninas
invitadas a esta peña; el Dúo Cubano o el Dúo Los Compadres, o Ñico
Saquito, la Estudiantina Invasora con Reynaldo Creach y el Quinteto de la
Trova.
Pero no es sólo cuestión de valores y representatividad, porque también
la peña estuvo bien estructurada siguiendo una concepción artística
adecuada al carácter de una música que, si bien en muchos momentos se baila,
como regla general se la escucha en actitud más receptiva, aunque la procesión
vaya por dentro, que aquí en realidad hay más intención de evocación y añoranza,
pero no falta la de cierta subversión y progresividad, desde el mismísimo
"oppening" que viene a ser la primera intervención musical de
Eliades Ochoa (nótense las insistentemente marcadas diabluras disonantes
punteadas por la guitarra después del momento en que el texto señala
"...ese lugar...", lo mismo que la pincelada que aporta sobre
similar procedimiento en su improvisación).
Son diversos los modos de interrelación entre lo local y lo más
universal, entre lo más tradicional y ciertas influencias de la modernidad,
como también puede verse en "Qué lindo es Bayamo", con autoría y
a cargo de Félix Varela junto a la Trova Santiaguera, que tiene y evoca
bastante de lo sonero más puro que se pudo escuchar alguna vez en un
terrenito limpio en medio del caserío, pero vestido con sonoridades de mayor
alcance, como pensando en una transmisión o grabación.
El Chan Chan de Francisco Repilado -el mismísmo Compay Segundo- con
Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria, sin embargo, conserva mucho de aquella atmósfera
montuna, a cuerda viva y con la percusión más esencial, atmósfera que va
reapareciendo durante casi todo el resto de esta peña virtual trovadoresca,
si bien marcada en ciertos casos por influencias e interacciones con lo
urbano, que tuvieron resultados bien pintorescos y singulares en Santiago de
Cuba antes de su expansión por todo el país.
Este es el principal aporte que nos deja el CD "La trova de
siempre", una estampa que nos remite a las entrañas mismas de esta porción
imprescindible de nuestro acervo musical.
Por: Jorge Fiallo